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Hubert Martin

Era una imitación de una fachada forjada con las medias verdades de su vida. Era una hermosa abominación, remendada con las partes más prístinas y terribles que pudo encontrar. Era un cristal negro de múltiples cortes y facetas cuyo brillo oscuro sofocaba y hechizaba a quienes lo bañaban. Había una vacuidad en sus ojos y apatía en su porte, y más allá, tras las sinfonías de gritos de pesadilla, había una luz cegadora. Toda la capacidad que pudiera desear permanecía oculta en un lugar al que jamás llegaría. Eligió el hielo en lugar del fuego, temblando y dura, con un calor escaso, pues aunque un destello puede existir en el frío glacial, su calor no irradiará, por muy audaz que sea. Tomó mi rostro entre manos que harían que el hielo pareciera cálido y me susurró una ventisca al oído, una canción en cascada de miedo tras miedo. Las mentiras que derramaba, mezcladas con arrepentimientos y súplicas, estaban envueltas en el infierno de su rabia, la ira, lo único que realmente la hacía real. Esta era su única apariencia de vida, un vacío insondable e infinito de proporciones vastas con una calamidad de fusión y fisión que lo atravesaba, un matiz sin sentido, una emoción con rostro, una predilecta de su raza. Las grietas escupían oscuridad desde dentro de su piel tan pálida. Se congregaban en sus curvas y carne en ríos y arroyos negros y turbulentos. Inundaban cada hondonada con negrura. Llenaban cada hueco con una curiosidad inestable, esta es su liberación, este es el momento en que es libre. Los rostros del engaño siempre ríen, nunca se revuelcan porque sus mentiras son una herramienta de placer, sus entrañas se retuercen en la risa de la misma manera, igual de resbaladizas, igual de crueles. Una cruda combinación de fascinación, de animación, de los demonios más oscuros de todos. Era poesía escrita a pluma, rayada y garabateada una y otra vez. La tinta salpicaba la página, y entre esas palabras garabateadas, esas pequeñas y afiladas incisiones, se puede ver una imagen, y uno se queda preguntándose qué podría significar todo esto al final…
– Hubert Martin –