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Charles Sanders Peirce

Para satisfacer nuestras dudas… es necesario hallar un método que determine nuestras creencias, sin intervención humana, sino mediante alguna permanencia externa, algo sobre lo que nuestro pensamiento no tenga efecto. Nuestra permanencia externa no sería externa, en nuestro sentido, si su influencia se limitara a un solo individuo. Debe ser algo que afecte, o pueda afectar, a todos. Y, aunque estas afecciones sean necesariamente tan diversas como las condiciones individuales, el método debe garantizar que la conclusión final de cada persona sea la misma. Tal es el método de la ciencia. Su hipótesis fundamental, reformulada en un lenguaje más familiar, es la siguiente: Existen cosas reales, cuyos caracteres son completamente independientes de nuestras opiniones sobre ellas; estas cosas reales afectan nuestros sentidos según leyes regulares, y, aunque nuestras sensaciones sean tan diferentes como nuestras relaciones con los objetos, aprovechando las leyes de la percepción, podemos determinar mediante el razonamiento cómo son realmente las cosas; y cualquier persona, si tiene suficiente experiencia y razona lo suficiente al respecto, llegará a la única conclusión verdadera. La nueva concepción que aquí se plantea es la de Realidad. Cabe preguntarse cómo sé que existen cosas reales. Si esta hipótesis es el único fundamento de mi método de investigación, entonces mi método no debe utilizarse para respaldar mi hipótesis. La respuesta es la siguiente: 1. Si bien la investigación no puede considerarse una prueba de la existencia de cosas reales, al menos no conduce a una conclusión contraria; el método y la concepción en la que se basa permanecen siempre en armonía. Por lo tanto, no surgen necesariamente dudas sobre el método al practicarlo, como ocurre con todos los demás. 2. El sentimiento que da origen a cualquier método para fijar una creencia es la insatisfacción ante dos proposiciones contradictorias. Pero aquí ya existe una vaga concesión de que hay algo que una proposición debería representar. Por consiguiente, nadie puede dudar realmente de la existencia de cosas reales, pues, si lo hiciera, la duda no sería fuente de insatisfacción. La hipótesis, por lo tanto, es aceptada por toda mente, de modo que el impulso social no provoca dudas al respecto. 3. Todo el mundo utiliza el método científico para muchísimas cosas, y solo deja de usarlo cuando no sabe cómo aplicarlo. 4. La experiencia con el método no nos ha llevado a dudar de él, sino, por el contrario, que la investigación científica ha logrado triunfos asombrosos a la hora de esclarecer opiniones. Esto explica por qué no dudo del método ni de la hipótesis que supone; y como no tengo ninguna duda, ni creo que nadie más a quien pueda influir la tenga, sería una mera palabrería si dijera algo más al respecto. Si alguien tiene alguna duda sobre el tema, que la considere.
– Charles Sanders Peirce –