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David McRaney

En 1965, un psicólogo llamado Martin Seligman comenzó a realizar descargas eléctricas a perros. Buscaba ampliar la investigación de Pavlov, el hombre que lograba que los perros salivaran al oír una campana. Seligman quería ir en la dirección opuesta, y cuando tocaba su campana, en lugar de darles comida, les aplicaba descargas eléctricas. Para mantenerlos quietos, los sujetaba con un arnés durante el experimento. Después de condicionarlos, los colocaba en una caja grande dividida en dos por una pequeña cerca. Pensaba que si el perro tocaba la campana, saltaría la cerca para escapar, pero no lo hizo. Simplemente se quedaba sentado, preparándose. Decidieron probar a aplicarle descargas eléctricas después de que sonara la campana. El perro seguía sentado, soportando la descarga. Cuando metieron en la caja a un perro que nunca había recibido una descarga eléctrica ni se le había permitido escapar, intentaron electrocutarlo, saltó la valla. Eres igual que estos perros. Si, a lo largo de tu vida, has experimentado una derrota aplastante, un abuso brutal o la pérdida de control, con el tiempo te convences de que no hay escapatoria, y si se te ofrece, no actúas; te conviertes en un nihilista que confía más en la futilidad que en el optimismo. Los estudios sobre personas con depresión clínica muestran que a menudo se rinden ante la derrota y dejan de intentarlo. Cualquier período prolongado de emociones negativas puede llevarte a la desesperación y a aceptar tu destino. Si permaneces solo durante mucho tiempo, decidirás que la soledad es un hecho de la vida y desaprovecharás oportunidades para relacionarte con otras personas. La pérdida de control en cualquier situación puede conducir a este estado. Las decisiones, incluso las pequeñas, pueden contener el peso aplastante de la impotencia, pero no puedes quedarte ahí. Debes luchar contra tu comportamiento y aprender a fracasar con orgullo. Fracasar a menudo es la única manera de conseguir lo que uno desea en la vida. Aparte de la muerte, el destino no es ineludible.
– David McRaney –