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Vironika Tugaleva

Durante mucho tiempo, deseé que alguien me entendiera mejor de lo que yo me entendía a mí misma, que tomara el control de mí, que me salvara, que lo arreglara todo. Pensaba que lo más difícil de una relación amorosa y sanadora sería mostrar mis puntos débiles y vulnerables a otra persona, a pesar de haber sufrido tantas heridas antes. Pero no ha sido lo más difícil. Lo realmente difícil ha sido darme cuenta de que nadie, por muy compasivo y amable que sea, siempre dirá las palabras perfectas. Yo incluida. Lo más difícil ha sido aprender a comunicar lo que necesito, a escuchar lo que los demás necesitan, a enseñar a los demás cómo decirme lo que necesitan. La intimidad requiere comunicación. Mucha comunicación. Todos tenemos puntos débiles. Yo no conozco los tuyos, y tú no conoces los míos. Por mucho que te quiera o confíe en ti, es imposible que sepas exactamente las palabras que necesito oír, las que no quiero oír y cómo me gusta que me toquen. Y qué extraño que esperemos estas cosas el uno del otro. Qué extraño (y autodestructivo) que nos neguemos a entablar relaciones y amistades con personas a menos que nos traten de una manera perfecta. Nos han criado para desear cuentos de hadas. Nos han criado para esperar salvadores impecables que nos rescaten. Pero el salvador no es perfecto y el salvador no va a venir. El salvador eres tú. El salvador aún está aprendiendo. El salvador nunca termina de aprender. El salvador es un ser humano. Olvídate de la perfección. Olvídate de lo impecable. Y empieza a decir tu verdad. Empieza a decir lo que quieres y como lo quieres. Y empieza a preguntar y a escuchar, a escuchar de verdad, lo que dicen las personas que te rodean. Quizás, entonces, dejemos de abandonarnos y de hacernos daño. Quizás, entonces, haya esperanza para nosotros.
– Vironika Tugaleva –