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Ernest Becker

El hombre moderno se emborracha y se droga para perder la consciencia, o se pasa el tiempo de compras, que viene a ser lo mismo. Como la consciencia exige una dedicación heroica que su cultura ya no le proporciona, la sociedad se las ingenia para ayudarle a olvidarlo. En la misteriosa forma en que la vida nos es dada en la evolución de este planeta, se encamina hacia su propia expansión. No la entendemos simplemente porque desconocemos el propósito de la creación; solo sentimos la vida tensándose en nosotros mismos y la vemos azotando a otros mientras se devoran entre sí. La vida busca expandirse en una dirección desconocida por razones desconocidas. ¿Qué podemos pensar de la creación en la que la actividad rutinaria consiste en que los organismos despedacen a otros con dientes de todo tipo: mordiendo, triturando carne, tallos de plantas, huesos entre molares, empujando la pulpa con avidez por la garganta con deleite, incorporando su esencia a su propia organización y luego excretando con hedor y residuos de gases? Todos extendiendo la mano para incorporar a otros que les son comestibles. Los mosquitos se hinchan con sangre, las larvas, las abejas asesinas atacan con furia y demoníacismo, los tiburones siguen desgarrando y engullendo mientras les arrancan sus entrañas, sin mencionar el desmembramiento y la matanza diarios en accidentes “naturales” de todo tipo: un terremoto entierra vivos a 70.000 personas en Perú, un maremoto arrastra a más de un cuarto de millón en el Océano Índico. La creación es un espectáculo de pesadilla que tiene lugar en un planeta que ha estado empapado durante cientos de millones de años en la sangre de todas las criaturas. La conclusión más sensata que podríamos sacar sobre lo que realmente ha estado sucediendo en el planeta durante unos tres mil millones de años es que se está convirtiendo en un vasto pozo de fertilizante. Pero el sol distrae nuestra atención, siempre secando la sangre, haciendo que crezcan cosas sobre ella, y con su calor nos da la esperanza que viene con el confort y la expansión del organismo.
– Ernest Becker –