Etiqueta: humano

Andrew Wilson

Si Patricia Highsmith veía a algún conocido caminando por la acera, se apartaba deliberadamente para evitarlo. Al interactuar con la gente, se daba cuenta de que se dividía en muchas identidades falsas, pero, como detestaba la mentira y el engaño, prefería ausentarse por completo antes que participar en semejante farsa. Highsmith interpretaba esta característica como un ejemplo de «la eterna hipocresía que hay en mí», aunque su capacidad de metamorfosis mental tenía su origen en su extraordinaria empatía. Su imaginación le permitía subsumir su propia identidad, asumiendo las cualidades de quienes la rodeaban —su capacidad negativa, si se quiere—, tan poderosa que a menudo sentía que sus visiones internas eran mucho más reales que el mundo exterior. Se identificaba con los locos y los desdichados, «el demente que se siente uno con toda la humanidad, con toda la vida, porque al perder la razón ha perdido su ego, su identidad», pero comprendía que ese estado inspiraba su ficción. Según ella, su ambición era escribir sobre la enfermedad subyacente de este «planeta dédalo» y capturar la esencia de la condición humana: la eterna decepción.
– Andrew Wilson –

James C. Dobson

El Dr. Richard Selzer es cirujano y uno de mis autores favoritos. Escribe descripciones conmovedoras y llenas de compasión sobre sus pacientes y los dramas humanos que enfrentan. En su libro Cartas a un joven médico, afirma que la mayoría de los jóvenes parecen estar protegidos, durante un tiempo, por una membrana imaginaria que los resguarda del horror. Caminan bajo ella a diario, pero apenas son conscientes de su presencia. Así como el sistema inmunitario protege el cuerpo humano de la amenaza invisible de las bacterias dañinas, esta membrana mítica los protege de situaciones que ponen en peligro su vida. No todos los jóvenes cuentan con esta protección, por supuesto, ya que los niños mueren de cáncer, cardiopatías congénitas y otros trastornos. Pero la mayoría están protegidos, sin darse cuenta. Entonces, con el paso de los años, un día sucede. Sin previo aviso, la membrana se rompe y el horror se filtra en la vida de una persona o en la de un ser querido. Es en ese momento cuando se presenta una inesperada crisis teológica.
– James C. Dobson –