Etiqueta: La vida interior

Tomás de Kempis

El amor es un poder inmenso, un bien grande y completo; solo el amor aligera toda carga y allana los caminos difíciles. Soporta toda adversidad como si nada y convierte toda amargura en dulzura y aceptación. El amor de Jesús es noble y nos inspira a grandes obras; nos mueve siempre a desear la perfección. El amor aspira a lo más alto y nada lo detiene. El amor anhela ser libre, ajeno a todo deseo mundano, para que su visión interior no se nuble y para que el interés propio mundano no lo obstaculice ni la desgracia lo derribe. Nada es más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más elevado, nada más amplio, nada más placentero, nada más pleno ni mejor en el cielo ni en la tierra; porque el amor nace de Dios y solo en Él puede descansar por encima de toda la creación. El amor vuela, corre, salta de alegría; es libre y sin restricciones. El amor lo da todo por todos, descansando en Aquel que es el más alto de todos, de quien fluye y procede todo bien. El amor no se fija en los dones, sino que se vuelve al Dador de todos los buenos dones. El amor no conoce límites, sino que trasciende con fervor toda frontera. El amor no siente carga, no toma en cuenta el esfuerzo, intenta lo que está más allá de sus fuerzas; el amor no ve nada imposible, pues se siente capaz de lograrlo todo. Por eso el amor obra grandes cosas; es extraordinario y eficaz; mientras que quien carece de amor desfallece y fracasa.
– Tomás de Kempis –

Tomás de Kempis

El amor es un poder inmenso, un bien grande y completo; solo el amor aligera toda carga y allana los caminos difíciles. Soporta toda adversidad como si nada y convierte toda amargura en dulzura y aceptación. El amor de Jesús es noble y nos inspira a grandes obras; nos mueve siempre a desear la perfección. El amor aspira a lo más alto y nada lo detiene. El amor anhela ser libre, ajeno a todo deseo mundano, para que su visión interior no se nuble y para que el interés propio mundano no lo obstaculice ni la desgracia lo derribe. Nada es más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más elevado, nada más amplio, nada más placentero, nada más pleno ni mejor en el cielo ni en la tierra; porque el amor nace de Dios y solo en Él puede descansar por encima de toda la creación. El amor vuela, corre, salta de alegría; es libre y sin restricciones. El amor lo da todo por todos, descansando en Aquel que es el más alto de todos, de quien fluye y procede todo bien. El amor no se fija en los dones, sino que se vuelve al Dador de todos los buenos dones. El amor no conoce límites, sino que trasciende con fervor toda frontera. El amor no siente carga, no toma en cuenta el esfuerzo, intenta lo que está más allá de sus fuerzas; el amor no ve nada imposible, pues se siente capaz de lograrlo todo. Por eso el amor obra grandes cosas; es extraordinario y eficaz; mientras que quien carece de amor desfallece y fracasa.
– Tomás de Kempis –