Etiqueta: ortodoxia radical

John Milbank

La perspectiva teológica de la participación, en realidad, salva las apariencias al trascenderlas. Reconoce que el materialismo y el espiritualismo son alternativas falsas, puesto que si solo existe materia finita, ni siquiera eso existe, y que para que los fenómenos existan realmente, deben ser más que eso. Por lo tanto, al apelar a una fuente eterna para los cuerpos, su arte, lenguaje, unión sexual y política, no se abandona etéreamente su densidad. Al contrario, se insiste en que detrás de esta densidad reside una densidad aún mayor, más allá de todo contraste entre densidad y ligereza (así como más allá de todo contraste entre definición e ilimitación). Esto significa que todo lo que existe solo existe porque es más de lo que es. (…) Esta perspectiva debería considerarse, en muchos sentidos, como un debilitamiento de algunos de los contrastes entre liberales y conservadores teológicos. Los primeros tienden a validar lo que consideran la aceptación moderna de nuestra finitud: como lenguaje, como cuerpos eróticos y estéticamente placenteros, etc. Los conservadores, sin embargo, parecen seguir abrazando una especie de distanciamiento etéreo nominal de estas realidades y un desdén por ellas. La ortodoxia radical, por el contrario, ve la raíz histórica de la celebración de estas cosas en la filosofía participativa y la teología encarnacional, aun cuando reconoce que la tradición premoderna nunca llevó esta celebración lo suficientemente lejos. Considera, tras un análisis, que la aparente aceptación moderna de lo finito es ilusoria, ya que para detener la desaparición de lo finito la modernidad debe interpretarlo como un edificio espacial sujeto a leyes, reglas y entramados claros. Si, por otro lado, siguiendo las opciones posmodernas, abraza el flujo de las cosas, este es un flujo vacío que oculta y revela a la vez un vacío último. Por lo tanto, la modernidad ha oscilado entre el puritanismo (sexual o de otro tipo) y un erotismo completamente perverso, enamorado de la muerte y, por consiguiente, deseando también la muerte de lo erótico, y no preserva lo erótico hasta una consumación eterna. De una manera extraña, parece que la modernidad en realidad no quiere lo que cree querer; Pero, por otro lado, para obtener lo que cree desear, tendría que recuperar lo teológico. De este modo, por supuesto, descubriría también que aquello que desea es completamente distinto de lo que ha supuesto.
– John Milbank –

John Milbank

La perspectiva teológica de la participación, en realidad, salva las apariencias al trascenderlas. Reconoce que el materialismo y el espiritualismo son alternativas falsas, puesto que si solo existe materia finita, ni siquiera eso existe, y que para que los fenómenos existan realmente, deben ser más que eso. Por lo tanto, al apelar a una fuente eterna para los cuerpos, su arte, lenguaje, unión sexual y política, no se abandona etéreamente su densidad. Al contrario, se insiste en que detrás de esta densidad reside una densidad aún mayor, más allá de todo contraste entre densidad y ligereza (así como más allá de todo contraste entre definición e ilimitación). Esto significa que todo lo que existe solo existe porque es más de lo que es. (…) Esta perspectiva debería considerarse, en muchos sentidos, como un debilitamiento de algunos de los contrastes entre liberales y conservadores teológicos. Los primeros tienden a validar lo que consideran la aceptación moderna de nuestra finitud: como lenguaje, como cuerpos eróticos y estéticamente placenteros, etc. Los conservadores, sin embargo, parecen seguir abrazando una especie de distanciamiento etéreo nominal de estas realidades y un desdén por ellas. La ortodoxia radical, por el contrario, ve la raíz histórica de la celebración de estas cosas en la filosofía participativa y la teología encarnacional, aun cuando reconoce que la tradición premoderna nunca llevó esta celebración lo suficientemente lejos. Considera, tras un análisis, que la aparente aceptación moderna de lo finito es ilusoria, ya que para detener la desaparición de lo finito la modernidad debe interpretarlo como un edificio espacial sujeto a leyes, reglas y entramados claros. Si, por otro lado, siguiendo las opciones posmodernas, abraza el flujo de las cosas, este es un flujo vacío que oculta y revela a la vez un vacío último. Por lo tanto, la modernidad ha oscilado entre el puritanismo (sexual o de otro tipo) y un erotismo completamente perverso, enamorado de la muerte y, por consiguiente, deseando también la muerte de lo erótico, y no preserva lo erótico hasta una consumación eterna. De una manera extraña, parece que la modernidad en realidad no quiere lo que cree querer; Pero, por otro lado, para obtener lo que cree desear, tendría que recuperar lo teológico. De este modo, por supuesto, descubriría también que aquello que desea es completamente distinto de lo que ha supuesto.
– John Milbank –