Etiqueta: trascendencia de Dios

David B. Marshall

«La evolución», proclamó el reverendo Daniel Miner Gordon durante su discurso inaugural en el Presbyterian College de Halifax, «con su concepto de crecimiento más que de mecanismo, de vida que actúa desde dentro en lugar de un poder que construye desde fuera, ayuda a ilustrar aún más el método de Aquel que es la vida de todo lo que vive». Vista de esta manera, la evolución evidenciaba la existencia de Dios y su providencia vigilante; revelaba que el Creador era omnisciente y omnipresente. La evolución cristiana implicaba un Dios de inmanencia, un Dios que habitaba en el interior y guiaba constantemente el mundo natural. Esto contrastaba marcadamente con la visión ortodoxa de un Dios trascendente que gobernaba el mundo desde lejos y solo intervenía ocasionalmente en la naturaleza o la historia: un milagro. Ahora parecía que Dios estaba dentro de la naturaleza y la historia, y cerca de la humanidad. Además, el Dios juez severo había sido desterrado por el conocimiento científico. Se comprendía que Dios era un espíritu activo y benevolente. Parte del misterio se había disipado. La evolución había arrojado nueva luz sobre la naturaleza, el destino de la humanidad y los caminos de Dios. Parecía ofrecer una visión cristiana del mundo más inspiradora y segura. Irónicamente, el clero podía basar sus argumentos sobre la existencia y la naturaleza de Dios en la ciencia, la fuente de tantas dudas sobre la veracidad del cristianismo.
– David B. Marshall –