
Toda filosofía, ya sea religiosa o política —y a veces la línea divisoria es difícil de determinar—, lucha menos por la destrucción negativa de la ideología opuesta que por la promoción positiva de la suya propia. Por lo tanto, su lucha es más ofensiva que defensiva. En consecuencia, tiene ventaja incluso al determinar el objetivo, puesto que este representa la victoria de su propia idea, mientras que, por el contrario, es difícil determinar cuándo puede considerarse alcanzado y asegurado el objetivo negativo de la destrucción de una doctrina hostil. Solo por esta razón, la ofensiva de la filosofía será más sistemática y también más poderosa que la defensiva contra otra filosofía, ya que aquí también, como siempre, el ataque, y no la defensa, es el que decide. Sin embargo, la lucha contra un poder espiritual con métodos violentos sigue siendo defensiva hasta que la espada se convierte en el apoyo, el heraldo y el difusor de una nueva doctrina espiritual.
Mein Kampf

Adolf Hitler
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