
Debemos afirmar el gran valor de leer simplemente por placer. En mi experiencia, los cristianos son extrañamente reacios a seguir este consejo. Tendemos a ser personas serias, siempre esforzándonos por superarnos, y podemos desconfiar del mero entretenimiento. Pero Dios no solo crea, sino que se deleita en su creación y espera que nosotros también nos deleitemos en ella; y puesto que nos ha dado el deseo de crear cosas nosotros mismos —nos ha permitido ser «subcreadores», como dice JRR Tolkien—, podemos deleitarnos con razón en las cosas que nosotros (y otros) creamos. Leer por puro placer —leer por capricho— es, por lo tanto, uno de los tipos de lectura más importantes que existen.
Los placeres de la lectura en una era de distracción

Alan Jacobs
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