
Reprimir el miedo a la muerte lo hace aún más fuerte. La cuestión es saber, sin la menor duda, que «yo» y todas las demás «cosas» presentes ahora desaparecerán, hasta que este conocimiento te obligue a soltarlas; saberlo ahora con la misma certeza que si acabaras de caerte del borde del Gran Cañón. De hecho, al nacer te arrojaron al borde de un precipicio, y de nada sirve aferrarse a las rocas que caen contigo. Si le temes a la muerte, ten miedo. La cuestión es aceptarla, dejar que te domine: miedo, fantasmas, dolores, transitoriedad, disolución y todo lo demás. Y entonces llega la sorpresa hasta ahora increíble: no mueres porque nunca naciste. Simplemente habías olvidado quién eres.
El libro sobre el tabú de saber quién eres.

Alan W. Watts
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