
El pastor enamorado ha perdido su bastón, y sus ovejas se extravían en la ladera, y ni siquiera tocó la flauta que había traído porque estaba demasiado absorto en sus pensamientos. Nadie se acercó ni se fue. Nunca volvió a encontrar su bastón. Otros, maldiciéndolo, reunieron sus ovejas por él. Al final, nadie lo había amado. Cuando se levantó de la ladera y de la falsa verdad, lo vio todo: los grandes valles llenos del mismo verde de siempre, las grandes montañas distantes, más reales que cualquier sentimiento, toda la realidad, con el cielo, el aire y los campos que existen, está presente. (Y una vez más el aire, que tanto había echado de menos, entró fresco en sus pulmones). Y sintió que el aire se abría de nuevo, pero con dolor, una libertad en su pecho. (7/10/1930)
O Pastor Amoroso

Alberto Caeiro
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