
Tenía motivos para no desear que el mundo tuviera sentido; por consiguiente, asumí que carecía de él y, sin dificultad alguna, encontré razones convincentes para esta suposición. El filósofo que no encuentra sentido en el mundo no se ocupa exclusivamente de un problema de metafísica pura. También se preocupa por demostrar que no existe ninguna razón válida por la que él personalmente no deba hacer lo que desea. Para mí, como sin duda para la mayoría de mis amigos, la filosofía de la falta de sentido era esencialmente un instrumento de liberación de cierto sistema moral. Nos oponíamos a esa moral porque interfería con nuestra libertad sexual. Los defensores de este sistema afirmaban que encarnaba el sentido —el sentido cristiano, insistían— del mundo. Había un método admirablemente sencillo para refutar a estas personas y justificar nuestra revuelta erótica: negar que el mundo tuviera sentido alguno.
Fines y medios

Aldous Huxley
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