
No es al convertirse en prostituta que una mujer se convierte en una forajida en este mundo de hombres; es al poseerse a sí misma, al ser dueña y tener el control efectivo de su propio cuerpo, al ser una persona independiente y única, al reconocer la integridad de su cuerpo como suyo, no de él. La prostitución puede ser ilegal, pero ninguna prostituta ha desafiado las prerrogativas ni el poder de los hombres como clase a través de ella. Ninguna prostituta ofrece un modelo de libertad o acción en un mundo de libertad que una mujer pueda utilizar con inteligencia e integridad; el modelo existe para seducir a falsas revolucionarias sexuales, a chicas liberadas e ingenuas, y para servir a los hombres que se aprovechan de ellas.

Andrea Dworkin
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