
En este mundo, en esta vida, el «flujo» [los momentos en que nuestro trabajo o juego absorbe y armoniza nuestras energías de tal manera que perdemos la noción del tiempo] llega a su fin. El lienzo está seco, la fuga está completa, la banda toca la etiqueta una vez más y luego se resuelve en el acorde final. Y, también, el libro está terminado, el servicio ha terminado, las luces se encienden en el teatro a oscuras y emergemos parpadeando hacia las brillantes luces del «mundo real». Pero ¿y si el mundo creativo y atemporal que habíamos vislumbrado es realmente el mundo real, y es precisamente su realidad lo que le dio tal poder para cautivarnos por un tiempo? ¿Y si nuestro destino final es ese momento de disfrute y conexión que vislumbramos en el estudio del artista?
Creación cultural: Recuperando nuestra vocación creativa

Andy Crouch
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