
Ahora, en esta generación, el mundo entero se enfrenta a un colapso ideológico y sociopolítico a gran escala. Esto es intencional, es obra del hombre. El resultado aún se evalúa cuidadosamente, con poco margen de error o mejora. Solo hay un defecto: el elemento divino en la humanidad. Nuestra conciencia sensible nos otorga la capacidad de apoyar la libertad de pensamiento y de movimiento, con la certeza inherente de que ambas tienen un precio. Cuando expresamos nuestras opiniones, ofenderemos y seremos ofendidos. No hay espacios seguros en la conversación. La gente dirá cosas que no nos gustan. Debemos aceptar que este es el precio de la libertad de expresión. Cuando permitimos la libertad de movimiento en tiempos de guerra, debemos aceptar que estamos invitando tanto a enemigos como a refugiados, especialmente cuando no nos molestamos en discernir quién es quién. Incluso las mejores y más altruistas intenciones pueden allanar el camino a nuestra perdición.
Somos uno

Anita B. Sulser, Doctora en Filosofía
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