
En los libros he viajado, no solo a otros mundos, sino también al mío. Aprendí quién era y quién quería ser, a qué podía aspirar y qué podía atreverme a soñar sobre mi mundo y sobre mí misma. De forma más poderosa y persuasiva que con los «no harás» de los Diez Mandamientos, aprendí la diferencia entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. Una arruga en el tiempo describió ese mal, ese error, existiendo en una dimensión diferente a la nuestra. Pero sentí que yo también existía gran parte del tiempo en una dimensión diferente a la de todos los demás que conocía. Estaba la vigilia y estaba el sueño. Y luego estaban los libros, una especie de universo paralelo en el que cualquier cosa podía suceder y, de hecho, sucedía con frecuencia; un universo en el que podía ser una recién llegada, pero nunca una extraña. Mi mundo real y verdadero. Mi isla perfecta.
Cómo la lectura cambió mi vida

Anna Quindlen
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