
¿Papá? —preguntó Jesús—. ¿Sí, hijo? —respondió Dios—. ¿Todavía tenemos papel de regalo? —preguntó Jesús—. No, no tenemos. Lo usé todo para hacer mariposas —respondió Dios—. ¿Mariposas? —preguntó Jesús desconcertado—. Sí, mariposas —dijo Dios—. ¿Por qué? —preguntó Jesús—. Bueno, a veces no llueve, así que no hay arcoíris. Y a veces la gente camina sola o no mira a los demás, así que tampoco ven sonrisas. Así que corté el papel de regalo e hice mariposas para que la gente de la Tierra las viera y sonriera. —Eso es muy bonito, papá, ¿pero qué hay de las polillas? —preguntó Jesús—. Son solo mariposas pequeñas —respondió Dios. Jesús rió—. Me encantan las mariposas. —Lo sé —dijo Dios sonriendo a su hijo.

Anthony T. Hincks
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