
En un sistema que niega la existencia de los derechos humanos fundamentales, el miedo suele ser la norma. Miedo a la cárcel, miedo a la tortura, miedo a la muerte, miedo a perder amigos, familia, bienes o medios de subsistencia, miedo a la pobreza, miedo al aislamiento, miedo al fracaso. Una forma insidiosa de miedo es aquella que se disfraza de sentido común o incluso de sabiduría, condenando como insensatos, temerarios, insignificantes o inútiles los pequeños actos cotidianos de valentía que ayudan a preservar el respeto propio y la dignidad humana inherente. No es fácil para un pueblo condicionado por el miedo bajo el férreo dominio del principio de que la fuerza hace el derecho, liberarse de la debilitante atmósfera del miedo. Sin embargo, incluso bajo la maquinaria estatal más opresiva, la valentía resurge una y otra vez, pues el miedo no es el estado natural del hombre civilizado.
Libertad del miedo

Aung San Suu Kyi
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