
Samuel Taylor Coleridge tenía razón cuando afirmó: «En política, lo que empieza con miedo suele acabar en locura». Sin embargo, los activistas políticos se inclinan más por una observación de Richard Nixon: «La gente reacciona al miedo, no al amor. No lo enseñan en la escuela dominical, pero es cierto». Ese principio, que guió la estrategia política del difunto presidente a lo largo de su carrera, es la condición indispensable de las campañas políticas contemporáneas. Los responsables de marketing de productos y servicios, desde alarmas para coches hasta programas de noticias televisivas, también lo han adoptado. La respuesta breve a por qué los estadounidenses albergan tantos miedos infundados es que un poder y un dinero inmensos aguardan a quienes explotan nuestras inseguridades morales y nos proporcionan sustitutos simbólicos.
La cultura del miedo: por qué los estadounidenses le temen a las cosas equivocadas.

Barry Glassner
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