
Los regalos de Navidad, una vez abiertos, ya no son tan divertidos como lo fueron mientras los examinábamos, levantábamos, sacudíamos, pensábamos en ellos y los abríamos. Trescientos sesenta y cinco días después, lo intentamos de nuevo y descubrimos que ha sucedido lo mismo. Cada vez que alcanzamos la meta, deja de ser tan divertida, y nos lanzamos a por la siguiente, y luego la siguiente, y la siguiente. Eso no significa que las metas que tenemos no cuenten. Sí que cuentan, principalmente porque nos obligan a pasar por el proceso, y es el proceso el que nos hace sabios, felices, o lo que sea. Si hacemos las cosas de forma incorrecta, nos sentimos miserables, enojados, confundidos, y cosas por el estilo. La meta tiene que ser la adecuada para nosotros, y tiene que ser beneficiosa, para asegurar un proceso beneficioso. Pero aparte de eso, lo realmente importante es el proceso.
El Tao de Pooh

Benjamin Hoff
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