
Su favorito era el glaseado. Le gustaba comer donas en cada comida. Como era más saludable comer seis comidas pequeñas al día que tres grandes, se limitaba: de gelatina para el desayuno, glaseadas para el brunch, rellenas de crema para el almuerzo, glaseadas para la merienda, de chocolate para la cena y con azúcar glas para vigilar el supermercado a las 2 de la mañana. Como la merienda coincidía con el momento de mayor actividad delictiva, siempre comía su variedad favorita para tranquilizarse. Ahora, el glaseado era su única opción, y alterar su rutina le producía una pequeña emoción.
Una historia que habla de hablar es como un castañeteo para los dientes castañeteantes, y cada juego de dentaduras postizas puede dar fe del hecho de que no.

Benson Bruno
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