
Aprendí mucho de las historias que me contaron mi tío, mis tías y mis abuelos: que nadie es perfecto, pero la mayoría de la gente es buena; que no se puede juzgar a las personas por sus peores o más débiles momentos; que los juicios severos pueden convertirnos a todos en hipócritas; que gran parte de la vida consiste simplemente en estar presente y seguir adelante; que la risa suele ser la mejor, y a veces la única respuesta al dolor. Quizás lo más importante, aprendí que todos tenemos una historia: de sueños y pesadillas, de esperanza y desamor, de amor y pérdida, de valentía y miedo, de sacrificio y egoísmo. Toda mi vida me han interesado las historias de los demás. Quería conocerlas, comprenderlas, sentirlas. Cuando me involucré en la política, siempre sentí que el objetivo principal de mi trabajo era brindar a las personas la oportunidad de tener mejores historias. – Página 15, párrafo 5, ‘Mi vida’ de Bill Clinton. –Versión de tapa dura-
mi vida

Bill Clinton
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