
En su afán por descubrir cómo se organizan los patrones de la realidad, la historia de la ciencia moderna evoca la imagen de un conjunto de cajas chinas de rompecabezas, cada una más intrincadamente estructurada y maravillosa que la anterior. Cada vez que parece haberse alcanzado la última caja, se encuentra una llave que abre otra, revelando un nuevo universo aún más asombroso e improbable en su concepción. Nos vemos obligados a sospechar que, para la razón humana, no existe una última caja; que, de una manera profundamente misteriosa, prácticamente insondable y autorreflexiva, cada vez que abrimos una caja aún más pequeña, en realidad nos acercamos a la caja con la que comenzamos, la caja que contiene nuestra propia experiencia consciente del mundo. Por eso ninguna teoría del conocimiento, ninguna epistemología, puede escapar jamás a ser consumida por sus propias paradojas autogeneradas. Y por eso debemos considerar el universo como irremediablemente místico.
Earthdream: La unión de la razón y la intuición

Bob Hamilton
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