
Pero los grandes artistas como Miguel Ángel, Blake y Tolstói —como Cristo, a quien Blake llamó artista por tener una de las imaginaciones más creativas que jamás hayan existido en la Tierra— no buscan la seguridad, ni egoísta ni materialista. De hecho, ni se les pasa por la cabeza. «No os preocupéis por el mañana», y «¿quién de vosotros, por mucho que se preocupe, puede añadir un codo a su estatura?». Así, se atreven a ser ociosos, es decir, a no estar siempre agobiados ni obligados por el deber. Se atreven a amar a la gente incluso cuando se portan muy mal, y no se atreven a intentar dominar a los demás para mostrarles lo que deben hacer por su propio bien.
Si quieres escribir: Un libro sobre arte, independencia y espíritu

Brenda Ueland
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