
Ignorar, reprimir o desestimar nuestros sentimientos es no escuchar la voz del Espíritu en nuestra vida emocional. Jesús escuchó. En el Evangelio de Juan se nos dice que Jesús se conmovió profundamente (11:33)… El retrato evangélico del amado Hijo de Abba es el de un hombre exquisitamente sensible a sus emociones y que las expresaba sin reservas. El Hijo del Hombre no despreció ni rechazó los sentimientos por volubles e inestables. Eran antenas sensibles a las que escuchaba atentamente y a través de las cuales percibía la voluntad de su Padre para que sus palabras y acciones fueran congruentes.
El hijo de Abba: El clamor del corazón por una pertenencia íntima

Brennan Manning
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