
La matemática básica del mundo real es que uno más uno es igual a dos. El ciudadano común (como yo, a menudo) la aplica a diario. Va al trabajo, cumple con sus obligaciones, paga sus cuentas y regresa a casa. Uno más uno es igual a dos. Eso mantiene el mundo girando. Pero a los artistas, músicos, estafadores, poetas, místicos y demás se les paga por darle la vuelta a esa matemática, por frotar dos palos y hacer surgir fuego. Todos realizamos esta alquimia en algún momento de nuestra vida, pero es difícil recordarla y fácil olvidarla. La gente no va a conciertos de rock para aprender algo. Va para que le recuerden algo que ya sabe y siente en lo más profundo de su ser. Que cuando el mundo está en su mejor momento, cuando nosotros estamos en nuestro mejor momento, cuando la vida se siente plena, uno más uno es igual a tres. Es la ecuación esencial del amor, el arte, el rock ‘n’ roll y las bandas de rock ‘n’ roll. Es la razón por la que el universo nunca será completamente comprensible, el amor seguirá siendo extático y desconcertante, y el verdadero rock ‘n’ roll nunca morirá.
Nacido para correr

Bruce Springsteen
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