
La amistad no es una recompensa por nuestro discernimiento y buen gusto al conocernos. Es el instrumento mediante el cual Dios revela a cada uno la belleza de los demás. Estas bellezas no son mayores que las de mil hombres; por medio de la amistad, Dios nos abre los ojos a ellas. Como toda belleza, provienen de Él y, en una buena amistad, Él las incrementa a través de la amistad misma, de modo que esta es su instrumento tanto para crear como para revelar. En este banquete, es Él quien ha preparado la mesa y es Él quien ha elegido a los invitados. Es Él, podemos atrevernos a esperar, quien a veces preside, y siempre debería hacerlo. No olvidemos a nuestro anfitrión.
Los cuatro amores

C.S. Lewis
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