
Pero, para un cristiano, estrictamente hablando, no hay posibilidades. Un Maestro de Ceremonias secreto ha estado obrando. Cristo, quien dijo a los discípulos: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros», puede decir con toda razón a cada grupo de amigos cristianos: «No os elegisteis vosotros los unos a los otros, sino que yo os elegí los unos a los otros». La amistad no es una recompensa por nuestro discernimiento y buen gusto al conocernos. Es el instrumento mediante el cual Dios revela a cada uno las bellezas de todos los demás. No son mayores que las bellezas de otros mil hombres; por medio de la amistad, Dios nos abre los ojos a ellas. Son, como todas las bellezas, derivadas de Él a través de la amistad misma, de modo que es su instrumento tanto para crear como para revelar. En este banquete, es Él quien ha preparado la mesa y es Él quien ha elegido a los invitados. Es Él, podemos atrevernos a esperar, quien a veces preside, y siempre debería hacerlo. No olvidemos a nuestro Anfitrión.
Los cuatro amores

C.S. Lewis
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