
Por otro lado, si el juicio moral de Dios difiere del nuestro, de modo que lo que para nosotros es «negro», para Él es «blanco», no significa nada llamarlo bueno; pues decir «Dios es bueno», afirmando que su bondad es totalmente distinta a la nuestra, equivale a decir «Dios es algo que desconocemos». Y una cualidad completamente desconocida en Dios no puede darnos fundamentos morales para amarlo u obedecerlo. Si no es «bueno» (en nuestro sentido), obedeceremos, si acaso, solo por temor, y deberíamos estar igualmente dispuestos a obedecer a un demonio omnipotente. La doctrina de la depravación total —cuando se deduce que, al estar totalmente depravados, nuestra idea del bien carece de valor— puede convertir así al cristianismo en una forma de adoración al diablo. – El problema del dolor, págs. 28-29

C.S. Lewis
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