
Pero supongamos que Dios se hiciera hombre —supongamos que nuestra naturaleza humana, capaz de sufrir y morir, se fusionara con la naturaleza divina en una sola persona—, entonces esa persona podría ayudarnos. Podría renunciar a su voluntad, sufrir y morir, porque era hombre; y podría hacerlo a la perfección porque era Dios. Tú y yo solo podemos atravesar este proceso si Dios lo realiza en nosotros; pero Dios solo puede hacerlo si se hace hombre. Nuestros intentos de morir solo tendrán éxito si nosotros, los hombres, participamos de la muerte de Dios, del mismo modo que nuestro pensamiento solo puede tener éxito porque es una gota en el océano de su inteligencia: pero no podemos participar de la muerte de Dios a menos que Dios muera; y Él no puede morir sino haciéndose hombre. En ese sentido, Él paga nuestra deuda y sufre por nosotros lo que Él mismo no necesita sufrir en absoluto.
El cristianismo puro y simple

C.S. Lewis
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