
Los recuerdos tristes son persistentes. Son específicos, y son los detalles los que se resisten a abandonarnos. Aunque un recuerdo feliz puede permanecer contigo tanto tiempo como uno que te hace sentir miserable, lo que recuerdas se suaviza con el tiempo. Lo que recuerdas es simplemente que fuiste feliz, no necesariamente los momentos individuales que te brindaron esa alegría. Pero el recuerdo de algo doloroso hace justo lo contrario. Conserva su forma original, con todos sus dedos huesudos y codos puntiagudos. Cada vez que regresa, recibes un pinchazo en el ojo o un golpe en el estómago. El recuerdo de la infelicidad tiene el poder de herirnos mucho tiempo después. Sentimos la herida de nuevo cada vez que pensamos en ello.
Bella: Una reinterpretación de La Bella y la Bestia

Cameron Dokey
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