
Una historia está viva, como tú y como yo. Está formada por músculos y tendones. Rebosa de sangre. Se recubre de piel, áspera y suave. En su núcleo yace la médula blanda de un hueso duro y blanco. Una historia late con el corazón de cada persona que alguna vez ha aguzado el oído para escuchar. En el aliento del narrador, se eleva. Hasta que sus imágenes y hechos se vuelven tan reales que puedes verlos en el aire, brillando como oasis en el horizonte. Una historia puede volar como una abeja, tan recta y veloz que solo percibes el zumbido de su paso. O moverse tan lentamente que parece inmóvil, enroscada sobre sí misma como una serpiente al sol. Puede desvanecerse como humo ante el viento. Permanecer como perfume en la nariz. Cambiar con cada relato, pero siempre permanecer igual.

Cameron Dokey
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