
El año moría prematuramente, las hojas caían rápidamente, era un día gélido cuando tomamos posesión, y la penumbra de la casa era de lo más deprimente. La cocinera (una mujer amable, pero de intelecto limitado) rompió a llorar al ver la cocina y pidió que le entregaran su reloj de plata a su hermana (2 Tuppintock’s Gardens, Liggs’s Walk, Clapham Rise), por si le ocurría algo a causa de la humedad. Streaker, la criada, fingía alegría, pero era la mayor víctima. La Niña Extraña, que nunca había estado en el campo, fue la única contenta, y se encargó de sembrar una bellota en el jardín junto a la ventana de la despensa y de cultivar un roble.
Tres historias de fantasmas

Charles Dickens
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