
No veo razón alguna para que los servicios religiosos sean tan rutinarios. Lo comenté con el que fuera pastor aquí en la Iglesia Metodista de Sebastopol. Le dije que no veía por qué, un domingo por la mañana, si un ministro ha sentido durante la semana la carga de un tema en particular y sabe que le llevará más de los veinte minutos habituales hablar de ello, no podría levantarse al comienzo del servicio y decir: «Tengo algo de especial importancia esta mañana, así que cantemos una sola canción, y si me disculpan, creo que voy a necesitar una hora para explicárselo». Creo que la congregación apreciaría su sinceridad y le prestaría atención. Si, por otro lado, no siente que se le haya dado un mensaje concreto, ¿por qué no admitirlo desde el púlpito y decir: «Esta mañana no voy a improvisar para rellenar el tiempo. Cantaremos algunos himnos más y nos iremos a casa»? ¿Por qué los servicios tienen que empezar y terminar a la misma hora, y por qué todo tiene que ser tan rígido?
Charles M. Schulz: Conversaciones

Charles M. Schulz
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