
Al estar desempleado, Kurt estableció una rutina que seguiría el resto de su vida. Se levantaba alrededor del mediodía y desayunaba algo ligero. Su comida favorita era el Macarrones con Queso Kraft. Después de comer, dedicaba el resto del día a una de estas tres cosas: ver la televisión, lo cual hacía sin parar; practicar la guitarra, lo cual hacía durante horas al día, generalmente mientras veía la televisión; o crear algún tipo de proyecto artístico, ya fuera una pintura, un collage o una instalación tridimensional. Esta última actividad nunca fue formal —rara vez se consideraba artista—, pero le dedicaba horas.
Más pesado que el cielo: Una biografía de Kurt Cobain

Charles R. Cross
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