
La convencionalidad no es moralidad. La hipocresía no es religión. Atacar lo primero no es atacar lo último. Quitarle la máscara al fariseo no es alzar una mano impía hacia la corona de espinas. Estas cosas y acciones son diametralmente opuestas: son tan distintas como el vicio de la virtud. Con demasiada frecuencia se las confunde: no se deben confundir; no se debe confundir la apariencia con la verdad; las estrechas doctrinas humanas, que solo tienden a enaltecer y engrandecer a unos pocos, no deben sustituir el credo redentor de Cristo. Hay —lo repito— una diferencia; y es bueno, y no malo, marcar de forma clara y concisa la línea que las separa.
Jane Eyre

Charlotte Brontë
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