
Solía sumergirme en sueños extraños por la noche: sueños multicolores, agitados, llenos de idealismo, emoción, tempestad; sueños donde, entre escenas insólitas, cargadas de aventura, de riesgo emocionante y casualidad romántica, me encontraba una y otra vez con el señor Rochester, siempre en algún momento crucial; y entonces la sensación de estar en sus brazos, oír su voz, mirarlo a los ojos, tocar su mano y su mejilla, amarlo, ser amada por él, la esperanza de pasar toda una vida a su lado, se renovaba con toda su fuerza y pasión iniciales. Entonces despertaba. Entonces recordaba dónde estaba y cómo me encontraba. Entonces me levantaba en mi cama sin cortinas, temblando y estremeciéndome; y entonces la noche silenciosa y oscura presenciaba la convulsión de la desesperación y oía el estallido de pasión.
Jane Eyre

Charlotte Brontë
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