
Ella vio cómo él la miraba fijamente, el brillante tono rojo bajo su sombrero. No podía soportar ver la forma en que la miraba, como si la atravesara, sin verla. Él no veía a una mujer. No veía a Jane, la mujer con la que había sido tan apasionado dos días antes. Él veía… Jane tragó saliva con dificultad y apartó la mirada, odiando la debilidad de su espíritu. Ella era más que esto, una flor marchita. Era más fuerte que esto. Pero maldita sea, esto dolía. Dolía porque él era el hombre responsable de hacerla arder. De hacerla sentir como una mujer. Dolía porque había sido un engaño. Una ilusión. Y dolía sobre todo porque él no la veía, a la mujer que era detrás de las gafas pasadas de moda y el pelo chillón.
Pecaminoso

Charlotte Featherstone
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