
Feminismo y feminidad no son mutuamente excluyentes. Sugerir lo contrario es misógino. Lamentablemente, las mujeres han aprendido a avergonzarse y a disculparse por actividades consideradas tradicionalmente femeninas, como la moda y el maquillaje. Sin embargo, nuestra sociedad no espera que los hombres se avergüencen de actividades consideradas generalmente masculinas, como los autos deportivos o ciertos deportes profesionales. Del mismo modo, el cuidado personal masculino nunca genera sospechas como el femenino: un hombre bien vestido no se preocupa de que, por su apariencia, se puedan hacer suposiciones sobre su inteligencia, su capacidad o su seriedad. Una mujer, en cambio, siempre es consciente de cómo un labial llamativo o un atuendo cuidadosamente combinado podrían llevar a otros a considerarla frívola.
Querida Ijeawele, o un manifiesto feminista en quince sugerencias

Chimamanda Ngozi Adichie
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