
Se puede observar la misma inmoralidad o amoralidad en la visión cristiana de la culpa y el castigo. Solo existen dos textos, ambos extremos y contradictorios. El mandato del Antiguo Testamento exige ojo por ojo y diente por diente (aparece en un pasaje con detalles completamente demenciales sobre las reglas exactas que rigen la agresión mutua; conviene consultarlo en su contexto (Éxodo 21)). El segundo proviene de los Evangelios y dice que solo quienes estén libres de pecado deben arrojar la primera piedra. El primero constituye una base moral para la pena capital y otras barbaridades; el segundo es tan relativista y «no crítico» que no permitiría el enjuiciamiento de Charles Manson. Nuestras escasas nociones de justicia han tenido que evolucionar a pesar de estos absurdos códigos de ultravenganza y ultracompasión.
Cartas a un joven inconformista

Christopher Hitchens
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