
Todo el mundo piensa que fue el cavernícola grande y fuerte quien conquistó a la chica, y en gran medida, puede que fuera cierto, pero la fuerza física no explica cómo nuestra especie creó la civilización. Creo que siempre hubo algún soñador flacucho sentado al borde del fuego, con la capacidad de imaginar peligros, de vislumbrar el futuro y ver posibilidades, y por lo tanto sobrevivió para transmitir sus genes a la siguiente generación. Cuando los hombres simios grandes terminaban cayendo por el precipicio o muriendo al intentar someter a un mastodonte a golpes de palo, el soñador se mantenía al margen pensando: «Oye, eso podría funcionar, pero necesitas hacer que el mastodonte caiga por el precipicio». Y luego se apareaba con las mujeres que quedaban después de que los valientes murieran.
El lagarto lujurioso de la cala melancólica

Christopher Moore
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