
Fue tan estúpido y aleatorio, pero en ese segundo, con el sol de la mañana iluminando su cabello castaño rojizo y sus enormes ojos marrones fijos en él, el bloqueo de la parte de su cerebro que le decía «ni siquiera te permitas pensar en ello» se rompió, y todos los sentimientos que alguna vez tuvo por ella —sentimientos que ni siquiera sabía que tenía— lo inundaron como una ola gigante. Amor, ternura, deseo… lo golpeó tan fuerte que tuvo que disculparse, ir al baño de hombres, apoyar la frente contra el frío metal del cubículo, respirando con dificultad, preguntándose qué demonios acababa de pasar. Lo dejó exhausto y agotado, como si acabara de correr cien millas. Y casi un año después, seguía exhausto, agotado, frustrado… y locamente enamorado.
Amigos íntimos

Claire Matthews
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