
«La Tierra del Despertar» pág. 628 Una extraña e inquietante sensación lo invadió. Si se había equivocado con su madre en esto, ¿podría acaso haberse equivocado también en otras cosas sobre ella? ¿Sería siquiera remotamente posible que los hijos de pioneros como él, nacidos en condiciones más benignas que sus padres, los odiaran porque ellos mismos eran más débiles, se resintieran cuando sus padres esperaban que fueran fuertes, e inventaran todo tipo de razonamientos complejos para demostrar que sus padres eran tiranos y crueles, sus creencias falsas y obsoletas, y sus logros insignificantes? Su madre jamás había dicho eso. Pero hacía mucho tiempo la había oído mencionar, aunque no con esas mismas palabras, que la gente era demasiado débil para seguir a Dios hoy en día, que en la Biblia Dios les exigía mucho en cuanto a la perfección, así que la generación más joven diluía a Dios, lo hacía impotente y se inventaba todo tipo de razones por las que no tenían que seguirlo, sino que podían seguir su propio camino.
La tierra del despertar: Los árboles, los campos y el pueblo.

Conrad Richter
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