
El primer fruto del amor es la meditación de la mente en Dios. Quien está enamorado, sus pensamientos están siempre puestos en Él. Quien ama a Dios se exalta y se transporta con la contemplación de Dios. «Cuando despierto, todavía estoy contigo» (Salmo 139:18). Los pensamientos son como viajeros en la mente. Los pensamientos de David seguían el camino al cielo. «Todavía estoy contigo». Dios es el tesoro, y donde está el tesoro, allí está el corazón. Por esto podemos poner a prueba nuestro amor a Dios. ¿En qué pensamos más? ¿Podemos decir que nos extasía el deleite cuando pensamos en Dios? ¿Han cobrado alas nuestros pensamientos? ¿Se elevan por los aires? ¿Contemplamos a Cristo y su gloria?… Un pecador expulsa a Dios de sus pensamientos. Nunca piensa en Dios, a menos que sea con horror, como el prisionero piensa en el juez.
La gran omisión: Recuperando las enseñanzas esenciales de Jesús sobre el discipulado

Dallas Willard
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