
Jesús nunca esperó que simplemente pusiéramos la otra mejilla, diéramos la segunda milla, bendijéramos a quienes nos persiguen, diéramos a quienes nos piden, etc. Estas respuestas, generalmente bien entendidas como características de la semejanza a Cristo, fueron presentadas por él como un ejemplo de lo que se podría esperar de un nuevo tipo de persona: alguien que busca con inteligencia y constancia, por encima de todo, vivir bajo el reino de Dios y ser poseído por la justicia que Dios mismo posee, como lo describe Mateo 6:33. En cambio, Jesús invitó a las personas a seguirlo en ese tipo de vida desde la cual comportamientos como amar a los enemigos parecerán lo único sensato y feliz que se puede hacer. Para una persona que vive esa vida, lo difícil sería odiar al enemigo, rechazar al suplicante o maldecir al maldecido… La verdadera semejanza a Cristo, la verdadera comunión con Cristo, llega al punto en que es difícil no responder como él lo haría.

Dallas Willard
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