
Cuando terminó el último otoño de la vida de Dickens, continuó trabajando durante su último invierno y hasta la primavera. Así es como todos los escritores entregamos los días, los años y las décadas de nuestras vidas a cambio de montones de papel con garabatos y dibujos. Y cuando la muerte nos llame, ¿cuántos de nosotros cambiaríamos todas esas páginas, toda esa vida desperdiciada de garabatos y dibujos logrados con tanto esfuerzo, por un solo día más, un día más vivido y experimentado plenamente? ¿Y qué precio pagaríamos los escritores por ese día extra que pasaríamos con aquellos a quienes ignoramos mientras estábamos encerrados, dibujando y dibujando en nuestros arrogantes años de aislamiento solipsista? ¿Cambiaríamos todas esas páginas por una sola hora? ¿O todos nuestros libros por un minuto real?
Drood

Dan Simmons
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