
El problema del romance es la oclusión. La visión de túnel, que atrae cada mirada río abajo, hacia esos otros ojos, los restos de tu mejor yo, tu yo más lúcido, que te acompañan en el viaje. No importa qué secretos se arremolinan y flotan en las aguas bajo ti, mientras flotas hacia esa dama de Delfos que, imaginaste, leyendo Mitología, debió de ser hermosa. No importa que Caribdis, sin cuerpo, sin forma, con solo una boca como ser, no pudiera haber sido malvada, porque carecía del cerebro para ello. No importa que seguir el curso lógico de los acontecimientos, el curso natural, siempre perjudique a alguien más, porque el amor, después de todo, es simplemente una competencia por recursos, que se vuelve infinitamente compleja e incognoscible cuando se eleva al cuadrado y al cubo y se eleva a cualquier otro exponente emocional, y luego se le añaden capas de sexo, sociedad y una mala memoria sobre cuáles eran esos recursos en primer lugar.
Ruido

Darin Bradley
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