
En tiempos de crisis, se produce una reacción pública que es una incoherencia extrema. Por un lado, la mayoría de la gente sabe que el gobierno no se dedica al negocio del petróleo. No quieren que se dedique a él. Saben que un hombre en Washington no puede tapar un agujero a una milla de profundidad en el golfo. Por otro lado, exigen que el presidente «tome el control». Exigen que dé ruedas de prensa, que demuestre liderazgo, que anuncie que la responsabilidad recae sobre él y que haga algo. Quieren que muestre emociones y realice los gestos teatrales adecuados para que puedan ver sus propias emociones representadas en el escenario público. Quieren responsabilizarlo de cosas que saben que no controla. Su reacción es una mezcla de disgusto, ira, anhelo y necesidad. Puede que no tenga sentido. Pero no tiene sentido que el país quiera recortes de gastos y no los quiera, que quiera cambios y no los quiera.

David Brooks
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